Hay frases que, dentro de una institución religiosa, dicen mucho más de lo que parecen decir.
Una de ellas aparece en el documento elaborado para fijar la posición del Instituto del Verbo Encarnado y de las Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará ante las cuestiones relativas a su fundador. Allí se afirma que los miembros aceptan y acatan las disposiciones que la Santa Sede adopte legítimamente, «aunque personalmente no compartamos» su contenido.
Leída fuera de contexto, la frase podría parecer moderada. Nadie está obligado a comprender inmediatamente todas las decisiones de la autoridad. La obediencia religiosa no exige apagar la inteligencia ni renunciar a toda opinión personal. Un religioso puede atravesar un período de desconcierto, dolor o incluso incomprensión ante una decisión eclesial.
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