¿Qué harían los obispos amigos del IVE si fueran comisarios?

Nos ha llegado un pedido de firmar una carta dirigida al papa León XIV, por parte de miembros de la Tercera Orden del Verbo Encarnado (ver texto al final de este artículo*), pidiendo al Santo Padre que, en vez de Monseñor Satué, se designen autoridades que «sientan verdadero amor» por el Instituto del Verbo Encarnado. Sus autores (sacerdotes del IVE, sin duda alguna) aseguran, además, que existen obispos que quieren al IVE y estarían dispuestos a asumir su gobierno.

La petición parece razonable. Pero plantea una pregunta muy concreta: ¿qué harían esos obispos de manera diferente?

Supongamos que uno de ellos recibiera el mismo mandato que monseñor Satué, conociera los mismos hechos y asumiera la misma responsabilidad ante la Santa Sede. ¿Mantendría abiertos los noviciados? ¿Renunciaría a revisar las Constituciones? ¿Devolvería inmediatamente el gobierno a las autoridades anteriores? ¿Consideraría infundadas las denuncias y las resistencias señaladas por Roma?

El decreto pontificio no presenta al comisario como un simple observador. Le confía el gobierno del Instituto, la revisión de su derecho propio y una reforma profunda. La intervención no parece destinada a destruir al IVE, sino a evitar que desaparezca por incapacidad de reformarse por sí mismo, como ya explicamos en nuestro artículo sobre el nuevo gobierno.

Si esos obispos amigos obedecieran el mismo mandato, entonces el problema no sería la falta de afecto de Satué. Si actuaran de otra manera, habría que explicar exactamente en qué consistiría esa diferencia y por qué sería compatible con las decisiones de Roma.

La cuestión no es quién ama más al IVE. Un comisario pontificio no es enviado para ser amigo o enemigo de un instituto, sino para gobernarlo en nombre de la Iglesia.

El futuro del IVE no debería depender de una competición entre «amigos» y «enemigos». Se puede querer salvar al Instituto y exigir, al mismo tiempo, verdad, reformas y rendición de cuentas.

Tomar al Papa y a los miembros de la Tercera Orden por estúpidos

Al leer esto, uno se pregunta:

  • ¿La gente del IVE piensa realmente que el Papa no sabe la verdad acerca del IVE?
  • ¿La gente del IVE es transparente con los miembros de la Tercera Orden acerca de los gravísimos problemas humanos, psiquiátricos, morales, etc. de muchos sacerdotes y religiosas?

Esperemos que Satué ponga orden de una buena vez.


La carta al Papa

*
Beatísimo Padre,

humilde y respetuosamente nos dirigimos a Vuestra Santidad, en nuestro carácter de padres, familiares y amigos de religiosos del Instituto del Verbo Encarnado y del Instituto de las Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará, y muchos de nosotros asimismo como miembros de la Tercera Orden Secular de la Familia Religiosa que agrupa a ambos Institutos.

Es nuestro deseo manifestarle nuestra honda y dolorosa preocupación por la situación por la cual está atravesando nuestra querida «Congregación» dadas las circunstancias que Vuestra Santidad debe muy bien conocer.

También muchos de nosotros hemos tenido la gracia de conocer ambos Institutos desde sus respectivas fundaciones. Los hemos visto crecer con la pobreza y sacrificios que ello
implicó, pero también con la santa alegría con la cual todos sus miembros sobrellevaban las durezas de aquellas épocas debido a los pocos medios materiales con que contaban y al gran número de jóvenes que, atraídos por el estilo sacerdotal y religioso propio del carisma particular de la fundación, se iban acercando año a año con el fin de discernir debidamente el llamado que afirmaban experimentar para esa vida.

Pero, sobre todo, también lo hemos vivido y conocido en nuestros queridos hijos que, por gracia de Dios, tomaron ese arduo pero bendecido camino y con su vida nos han demostrado su felicidad.

Nuestros corazones paternos —las madres saben de corazones más aún que los padres— no pueden ser desmentidos cuando hemos constatado la santa alegría que transmitían por poder llevar el Evangelio a quienes aún lo ignoran. Y ello, más allá del dolor de las separaciones producidas tanto cuando comenzaron su vida religiosa —Vuestra Santidad seguramente lo ha experimentado en su propia familia— como, ya ordenados sacerdotes o religiosas que finalizan sus estudios, han partido a lejanas y, muchas veces desconocidas tierras.

Ciertamente que Vuestra Santidad sabe muy bien que ellos están muchas veces en lugares harto difíciles, desde Gaza hasta Papúa, desde China hasta Egipto y Tanzania, desde Siria a Ucrania, o, lo que a veces es peor y más tentador, en lugares sumamente adelantados en progreso y riqueza, puesto que —bien nos consta— siempre han buscado y solicitado, los lugares más complejos y aquéllos a los cuales pocos quieren ir.

Es que la impronta de esta Familia Religiosa, ha sido la «Misión». Gran tarea llevada a cabo en cumplimiento del mandato evangélico. Sin embargo, somos conscientes en la «Congregación» que esta gran labor pastoral, se ha sostenido y se sostiene sobrenaturalmente tanto con la oración de aquellos miembros que en particular han sentido y discernido el llamado a una vida más retirada y contemplativa en las diversas comunidades monásticas que también se han fundado, como en el ejercicio de obras de caridad, principalmente con aquellos más despojados de la tierra, en los llamados «Hogarcitos», donde tantos niños, jóvenes y ancianos de ambos sexos, y sin importar su origen o sus creencias, con sus cuerpos y mentes marchitos, lacerados, imposibilitados, cuyas casas se encuentran en diversas partes del mundo. Y también —por qué no decirlo— con nuestras pobres, pero frecuentes y fervientes oraciones de quienes somos padres y familiares de estos religiosos.

Eso Santo Padre, es lo que sostiene en definitiva la «Misión» con el fin de que la palabra de Nuestro Señor Jesucristo se extienda amorosamente por todos los rincones del mundo.

Pero lamentablemente, Santo Padre, una vez más nos llegan rumores de incomprensiones, de repudios incluso, de rechazos y de desprecios por toda esta obra, y por parte —lo afirmamos con muchísimo dolor— de quienes precisamente han sido designados como «autoridades» para supuestamente «acompañar» y «ayudar» a nuestros queridos Institutos a «perfeccionarse» como tales. Y notamos también que esos rechazos y desprecios —que también nosotros hemos padecido en carne propia— en muchos casos encuentran fundamento en posiciones que, a no dudarlo, poseen una fuerte carga ideológica que, como tales, resulta imposible rebatir.

A nuestro parecer, querido Santo Padre, el avance hacia la perfección tan deseada de toda la Familia Religiosa del Verbo Encarnado, incluidos nosotros —claro está— se logrará, con la Gracia de Dios, con el mejor cumplimiento y mantenimiento de la letra de sus Constituciones fundacionales y de sus respectivos Directorios, esto es, con la profundización de nuestro Carisma.

Cambiar ello, como dicen esos rumores que se pretende, sería como cambiar la esencia de ambos Institutos. Y la vocación de sus miembros a la vida religiosa en ellos, sobre todo los de los que ya han hechos sus Votos Perpetuos que los han realizado sobre la base y en virtud de ese Carisma. E incluso para nosotros, Santo Padre, como laicos de la Tercera Orden, que también hemos sentido el llamado a progresar en nuestra vida espiritual mediante ese Carisma.

Sabemos Su Santidad, que se cuestionan muchas características propias de nuestra Familia Religiosa, que, por otra parte, ya han sido aprobadas por la Iglesia en su momento, y que constan en las Constituciones fundacionales.

Así se ha puesto en tela de juicio, desde el modo de la recepción de las vocaciones, hasta la formación que reciben los aspirantes al sacerdocio; desde el uso habitual de su hábito religioso hasta la esmerada liturgia que realizan; desde la existencia de Seminarios Menores hasta la predicación de Ejercicios Espirituales según el método ignaciano; desde el supuesto «culto» al Fundador hasta el mantenerse «cerrados» en la formación tomista. Éstos, y muchos otros cuestionamientos imposibles de comprender tanto por su distorsión y falsedad como por el desconocimiento de la verdad, hemos venido escuchando y padeciendo por los detractores que, en realidad, no quieren ni ayudar ni acompañar sino tan solo cambiar radicalmente el Carisma fundacional o, en el mejor de los casos para algunos de ellos, la supresión de la faz de la tierra de la Familia Religiosa del IVE.

En tal sentido, el cierre por un tiempo determinado de los noviciados y postulantados y la consiguiente y lamentable pérdida del ingreso de decenas de incipientes vocaciones ha
constituido un golpe irreparable para la continuidad de ambos Institutos.

La pregunta que nos brota espontáneamente, tras la perplejidad y el asombro en los cuales estamos sumidos es ¿POR QUÉ?

Querido Santo Padre, quien según esas mismas Constituciones, eres «la presencia encarnatoria de la Verdad, de la Voluntad, y de la Santidad de Cristo» (n°12), es nuestra intención rogar y suplicar encarecidamente en esta carta, postrados ante Nuestro
Señor, que, con el fin de permitir la continuación de la Congregación a la cual pertenecemos juntos con nuestros hijos, sacerdotes y religiosas al servicio de la Iglesia Católica, sean designadas, para corregir —si así se estima— lo que haya que corregir pero continuando con nuestro querido Carisma, personas que, además de idóneas, sientan también un verdadero amor por esta Familia Religiosa y que, sinceramente y de todo corazón deseen su verdadera perfección y la de todos sus miembros en el mismo espíritu en el cual ha sido fundada y que nos lleven, en definitiva, a la conformación de nuestro gobierno propio.

Sabemos concretamente que hay muchos Obispos que realmente quieren a nuestra familia religiosa, que estarían dispuestos y con sumo interés, afecto y dilección, a asumir esa magnífica tarea.

Suplicámosle pues, Santo Padre, en oración continua a la Sma. Virgen María en nuestra querida advocación de Nuestra Señora de Luján, y cuya devoción nuestra Congregación ha sabido llevar hasta sus más lejanas misiones, reciba estas peticiones que, con humildad le elevamos, y las acepte y provea benévolamente por el bien de nuestras familias y
el de la Santa Iglesia Católica.

Quienes así nos dirigimos a Su Santidad, le imploramos también, con el más profundo respeto y humildad, su bendición apostólica.

Miembros de la Tercera Orden, familiares y amigos de la Familia Religiosa del Verbo Encarnado de Albania, Alemania, Argentina, Australia, Bolivia, Brasil, Canadá, Chile, China, Chipre, Ecuador, EE.UU., Egipto, Escocia, España, Filipinas, Francia, Grecia, Guatemala, Guyana, Holanda, Honduras, Irak, Irlanda, Islandia, Islas Salomón, Israel, Italia, Jordania, Kazajstán, Lituania, Luxemburgo, México, Nicaragua, Palestina, Panamá, Papúa Nueva Guinea, Perú, Paraguay, Puerto Rico, República Dominicana, Rusia, Siria, Taiwán, Tanzania, Tayikistán, Túnez, Ucrania, Uruguay, Uzbekistán, Venezuela.

Comentarios

Una respuesta a «¿Qué harían los obispos amigos del IVE si fueran comisarios?»

  1. Carmen

    A estos mandados de la Tercera Orden del IVE, manipulados por sus sacerdotes y las Servidoras, les recomiendo que se centren solo y exclusivamente en buscar y hallar el AMOR de Cristo y se dejen de estupideces y niñerías que están peor que los Corintios en tiempos de Pablo.
    Está claro que siguen con su erre que erre y la Iglesia tiene que actuar sin temblarle el pulso,
    NO MAS ABUSOS DENTRO DE LA SANTA MADRE IGLESIA, esta gente son resentidos…… idolatran a Miguel Buela y pedirles un cambio? No pierdan más tiempo, pues eso da lugar a más víctimas, y ya arrastran bastantes…..
    Soy víctima de sus abusos y mentiras, utilizan la Iglesia para campar a sus anchas, pues la detestan y la lapidan y agreden con su discurso de la PERSECUCION, enfrentando a los fieles contra Ella y contra el Santo Padre.

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